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A propósito de 8 (2025) de Julio Medem.

– por JoshSolana_

 

Las vidas de Adela y Octavio se irán cruzando en la nueva cinta de Medem.

El número ocho, representado por dos esferas, ha generado considerable discusión en los últimos meses. Este número encierra un universo profundo, oscilando entre lo terrenal y lo espiritual, la abundancia y la renovación. Es el eco de la perfección cíclica, cuya forma geométrica se asemeja al infinito. La octava sefirá, Hod, simboliza la gloria, la resonancia y la comunicación, así como la capacidad de materializar ideas en el mundo físico. 

Esta conexión entre su significado y su sincronicidad en este preciso momento resuena conmigo. Coincide con el final de la serie Chespirito, el octavo aniversario de Árbol Rojo – Infinito, que bajo aquel lema celebra su trayectoria y su visión del futuro y es también, el título de la película que analizaremos a continuación, 8 de Julio Medem, la cual tuvimos oportunidad de ver en el pasado Festival Internacional de Cine en Guadalajara, el FICG en su edición 40.

Inicia con un 8, el cual inmediatamente después es perforado por dos ombligos, dos mujeres embarazadas están a punto de parir. Una en la ciudad alta y otra en la ciudad baja. El director pide que sintamos la película, que no hagamos caso al pensamiento. Una madre muere, una niña y un niño nacen. Ese es el inicio de una historia que traza un infinito perfecto.

 
Still de la película 8

La guerra civil española es retratada girando al rededor de la vida de los protagonistas.

La historia, que recorre 90 años de una España dividida, flota sobre sus protagonistas, una mujer y un hombre que han estado conectados por el destino. Nacidos el mismo día, paridos por el mismo médico, la vida irá juntándolos en estas sincronías.

Adela (Ana Rujas) es una mujer que crece sin madre y que, desde niña, no se permite llorar. Busca parecer fuerte —o mejor aún serlo—, y en ese intento toma la fuerza de los hombres con los que se involucra sexualmente. Llega incluso a sacrificar su cuerpo con un franquista para que su padre, liberal, pueda leer en la cárcel. Pero es su padre quien mata al padre de él, Octavio (Javier Rey). Y él, a su vez, queda huérfano como ella. Al final, será él quien mate al padre de ella. Así, en un ciclo de espejos y venganzas, la familia española se va mezclando: los que creen estar de un lado terminan del otro. Todo el tiempo. Como si viajaran en una autopista ochistica. 

El director Julio Medem, presentando 8 en el FICG.

Éste es un director que dialoga con la puesta en escena, que saca la cámara del tripie y baila trazando este 8 íntimo. Íntimo como la interpretación que los protagonistas nos regalan, solo hay que pensar en la escena en la cama,  en esa complicidad. Ese nivel de intimidad al que Medem nos arrastra —como si fuéramos parte de ese círculo cerrado que comparten los cuerpos— recuerda inevitablemente a Los amantes del círculo polar. En ambas películas, la geometría no es sólo una forma, es una brújula emocional. Un ocho, un círculo, una elipse, son símbolos que condensan la forma en que el tiempo y el destino se entrelazan. En 8, como en Los amantes…, hay un juego de reflejos, un palíndromo emocional y narrativo que nos recuerda que los encuentros y las pérdidas no son casuales, sino parte de un sistema secreto de simetrías.

Sin embargo, si el guion y la dirección sugieren un infinito, la edición a veces impone límites, puntos finales donde podría haber algo más. Con cortes a blanco y otro tipo de decisiones cuestionables, el director va hilando la historia de amor de Adela y Octavio. A pesar de ello, 8 permanece como una obra ambiciosa y profundamente personal. Una meditación sobre el tiempo, la memoria, la política y el cuerpo. Creo que es inútil comparar el trabajo de un artista con su obra anterior, es absurdista. Sin embargo, la obra de Medem se ha dedicado totalmente a narrar historias con una símil abundante. Es sencillo darse cuenta sobre los temas que le importan al director español. Y gracias a ello podemos ver una evolución o meditación sobre sus obras anteriores, específicamente Los amores… que es con la que más comparte coincidencias.

Still de la película 8

El 8, lo infinito.

Como sugiere la forma misma del número que le da título, 8 no se cierra del todo: retorna. Y en ese regreso encuentra su belleza. No es una película perfecta, pero sí es una película pulsante, que se atreve a orbitar lo íntimo, lo histórico y lo mítico con la misma cámara. Como el círculo polar, como el nombre Otto, como los cuerpos que se encuentran y se pierden. Todo vuelve. Todo se repite. Y todo, de algún modo, se transforma.

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El FICG por la ciudad: Isleño (2025)

– por JoshSolana_

 

Vista de la terraza del cinépolis de Centro Magno desde el elevador ascendiendo.

Dentro del mar de proyecciones de la pasada edición del Festival Internacional de Cine en Guadalajara, la marea trajo a las costas de Jalisco un documental sobre seis emblemáticas islas del noroeste mexicano, ubicadas a unos cuantos kilómetros de Baja California Sur.

Primero hay que agradecer las funciones del FICG. En esta edición número 40, el festival ofreció una vasta programación: competencias, homenajes, secciones paralelas, series… películas proyectadas en múltiples pantallas a lo largo de la zona metropolitana de Guadalajara. En medio de ese oleaje cinematográfico, el Cinépolis de Centro Magno acogió la segunda función de Isleño, documental de César Talamantes.

Y como digo, vivir una función dentro del FICG  es una experiencia digna de una observación crónica. Para quienes conocen Centro Magno, basta con evocar su techo de cristal, las escaleras doradas, el letrero de neón morado que parece salido de otra época. En la sala 2, entre luces tenues, se proyectó el documental sobre el que gira esta crónica. 

Isleño tuvo su estreno mundial un día antes en la Cineteca FICG. Y es rico, como espectador, el diálogo que estas proyecciones generan entre sus directores y sus consumidores más próximos, y sobre todo los primeros, antes de iniciar la película, una voz nos anuncia que el director tendrá un Q&A al final de la película. 

Mujer con micrófono en la proyección de Isleño.

Es rico el diálogo que estas proyecciones generan entre sus directores y sus consumidores más próximos, y sobre todo, los primeros.

El documental inicia, el viaje que propone es cíclico: se cierra una y otra vez en clímax. Un documental que no sólo abarca historias personales, sino la de comunidades enteras. La edición es notable y la selección de imágenes se siente precisa. Desde una escena tensa dentro de una jaula hasta una red que la cámara persigue por la arena, el director logra sumergirnos y convertirnos, por momentos, en habitantes más de esas islas. Isleños.

La proyección termina. Las luces se encienden, los créditos corren. Voluntarios cargan micrófonos y los prueban con un par de golpecitos. Nosotros, el público, esperamos la aparición de César Talamantes: paceño, flaco, de lentes, rostro sereno. El director toma el micrófono.

César Talamantes

César Talamantes, frente al público.

Empieza contando su roadtrip: esta película es, literalmente, el viaje de un sudcaliforniano que, como ya lo hizo en Los otros californios, vuelve su mirada hacia los habitantes de su tierra. Para Talamantes, los sudcalifornianos son personas que han resistido. Han luchado por habitar un medio hostil: el desierto agreste, la precariedad económica, el aislamiento. Y, pese a todo, han conservado una dignidad profunda. Esa resistencia es lo que documenta en Isleño, al recorrer seis islas del estado donde viven poblaciones que han hecho del mar y la tierra un modo de vida.

 El cine de esta parte del país es difícil de etiquetar, pero hay una palabra que siempre parece regresar: resistencia. Como habitante de la Baja, lo afirmo: nuestros documentales son actos de lucha. Lo son porque capturan un modo de vida que desaparece, migra o resiste. Y ese registro, que es memoria viva, también es patrimonio. Es, como ciertamente dice el director, registro histórico que ahora es patrimonio del país. Así respeta César el documental. Respeto con el que vemos que se aproxima en la narración de su película. Con delicadeza, siendo un testigo nada más, un testimonio. Su fotografía es generosa con el paraíso que retrata. Las islas, —El Pardito, Santa Margarita, San José, Santa Magdalena, Natividad y San Marcos— conforman una curaduría perfecta que, a través del tour guiado en el que seguimos a Talamantes, vamos conociendo la historia de cada una de estas poblaciones, diferentes todas y con heridas particulares. Unas pesqueras, otras mineras, unas que solo sirven para el trabajo, otras con poblaciones fantasma. Pero todas compartiendo la vocación de existir, resistir y habitar.

Isleño participó en el pasado Festival de Cine en Guadalajara en competencia por el Premio Mezcal. César Talamantes es uno de los representantes más importantes de la cinematografía de Baja California Sur y su obra  El pardito (2003), Los otros californios (2008) y ahora Isleño (2025), que es, como bien dice, memoria viva, un registro histórico de la península de baja sur, de su gente y sus pueblos e islas. Habrá que seguir de cerca la carrera de este cineasta paceño.

Isleño habla sobre la resistencia sudcaliforniana.

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AR8 Boletín

INFINITO: Árbol Rojo revela la imagen de su octava edición

INFINITO

árbol rojo revela la imagen de su octava edición

Árbol Rojo presenta fechas, áreas de formación y la imagen de su octava edición

Árbol Rojo celebra ocho años de exhibición y descentralización del cine; de encuentros formativos y de una creciente comunidad de cine en el sureste de México. Del 18 al 28 de septiembre de 2025, el festival regresa a Chetumal, Bacalar y Cancún con una edición cargada de estrenos, de voces imprescindibles y de experiencias cinematográficas únicas.

Fiel a su compromiso con el cine descentralizado y el sur del país, Árbol Rojo revela la imagen oficial de su octava edición: una síntesis visual de los elementos que han marcado su camino: territorio, cuerpo, memoria y transformación.

INFINITO es una creación colectiva que surge de las ideas del equipo creativo de Árbol Rojo, inspirada en la conexión, la renovación cíclica y la transformación constante.

El póster presenta un corazón de cristal —frágil, transparente y meticulosamente detallado— que alude a la honestidad, transparencia y vulnerabilidad que han caracterizado el recorrido de la asociación, así como al espíritu de las películas que lo conforman. En su interior se enrosca una serpiente, símbolo mesoamericano de sabiduría, ciclos de vida y conexión entre lo terrenal y lo espiritual, remitiendo a los procesos de cambio y aprendizaje que atraviesan tanto el cine como las comunidades que lo sostienen.

El corazón surge desde la profundidad de la laguna de Bacalar, un cuerpo de agua vivo, en constante movimiento y transformación según la cosmovisión del pueblo maya. Esta laguna domina el fondo de la imagen como raíz simbólica y origen de la mirada viva y transformadora de Árbol Rojo.

En esa misma búsqueda de renovación, transformación y conexión, la octava edición ofrecerá una programación que incluye secciones como: Galas, Premieres, Cosmovisiones del cine de autor nacional e internacional, una selección de largometrajes mexicanos en el FICM Presenta: Cine mexicano para el sur, Cine Mexicana donde se presentarán cintas con perspectiva de género, Clásicos y Pluralis.

Las secciones Galas y Cosmovisiones presentarán una selección de estrenos nacionales, con obras de gran impacto internacional. En particular, Cosmovisiones ofrece una mirada al panorama autoral del cine mundial, con películas premiadas internacionalmente, tanto mexicanas como de otras regiones del mundo.

Por su parte, la sección El FICM Presenta Cine mexicano para el sur es posible gracias a una valiosa colaboración con el Festival Internacional de Cine de Morelia, una relación que refuerza el compromiso mutuo por difundir cine mexicano de calidad en todo el país.

Las secciones Clásicos y Pluralis incluyen grandes obras fílmicas que han marcado el imaginario colectivo y que celebran la diversidad cultural, ideológica y sexual, respectivamente.

Además, regresa el Foro Cine Mexicana, que reunirá por segunda ocasión a destacadas invitadas de la industria cinematográfica nacional. En el área de formación, se suma una master class impartida por la casa productora Apix, así como un taller en línea con el reconocido director Jorge Michel Grau creador de obras como “Perdida”, “Somos lo que hay “ y “Rabia” que fue parte de nuestros estrenos en 2023.

Con orgullo celebramos que, a lo largo de estos ocho años, Árbol Rojo se ha presentado en ocho ciudades, con más de 90 mil espectadores, 100 invitados especiales, un equipo de más de 80 integrantes, 500 aliados y más de 2,000 títulos programados.

Esta octava edición es presentada por Apix Films, nuevamente en alianza con el Instituto de la Cultura y las Artes de Quintana Roo, Cinépolis y su Sala de Arte y el H. Municipio de Bacalar.

Hoy, con la fuerza del sur y la energía de su comunidad, Árbol Rojo se reafirma como una plataforma viva: Somos el Festival del Sur.

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